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Reseña - God of War

Casi un año de retraso, aquí está mi opinión sobre el nuevo God of War. No me juzguéis, juego cuando puedo, no es por torpeza que necesite un año para completarlo.

Reseña God of War

Cientos de fans ya han dicho que es buenísimo, ¿estoy de acuerdo? Pues sí, claro que estoy de acuerdo, God of War es una pasada.
Antes de seguir, debéis saber que este ha sido mi primer God of War y mi primer juego de del género Hack 'n' Slash, así que no sabía nada de la historia de Kratos, ni estaba familiarizado con esquivar, bloquear y hacer combos.

El primer acto del juego se me hizo algo raro: no sabía qué está pasando, no entendía la motivación de los personajes y no dominaba el sistema de combate. No sé cuántas me mató el primer enemigo que no pude tumbar a base de apretar R1 como un loco. Culpa mía por introducirme en la serie en el cuarto título, pero creo que el tutorial podía haber sido más duro: derroté a mi primer Trol sin saber hacer más que un par de ataques básicos, sin saber controlar a Atreus y realmente sin saber qué hacía bien y qué no.
La cosa siguió así, avanzando a trompicones sin sentir que tenía el control de mis acciones, más o menos hasta que volví de Alfheim. A esas alturas empecé a entenderme bien con el sistema de combate y a conseguir que Kratos hiciera lo que yo quería que hiciera; y, al bajar las aguas y con el poder de la luz en mis manos, el mundo se abrió, dándome margen para explorar a mi ritmo.
Desde ahí el juego fue una fantasía: explorando, escuchando las historias de Mimir, consiguiendo nuevos poderes, progresando en la relación entre Kratos y Atreus... Un par de veces dije ¿de verdad tengo que hacer otra tarea más antes de llegar a la cumbre?, pero enseguida encontraba algo interesante que hacer. Y así, sin darme cuenta, llegué a un final muy emotivo, que cierra la historia de la forma más satisfactoria posible, pero te deja con ganas de una segunda parte. Un equilibrio difícil de conseguir.

Creo que lo que más me ha gustado del juego es la escala. La historia y la acción se intercalan entre sí, perfectamente, sin arrastrarte por fases narrativas sin nada que hacer, o alejarte tanto de la trama que olvides qué era lo que estabas haciendo.
El tamaño del mapa es perfecto para tener nota mental de qué has hecho y a dónde tienes que volver cuando consigas nuevos poderes, y las misiones secundarias (favores) están perfectamente medidas, en cantidad y duración. Todas son interesantes, con su propia historia, y ofrecen desafíos diferentes, que, de nuevo, no se alargan como para perder de vista la historia principal.
Además, el mundo está lleno de cosas interesantes que descubrir. Me encanta cómo viajar en la barca es un placer gracias a las historias de Mimir. En alguna ocasión he esperado junto al embarcadero a que terminara su historia antes de continuar con mi aventura.

Y luego, para quien los quiera, están los coleccionables -aunque debo decir que muchos los encontré de forma orgánica- y los desafíos adicionales. Me encantan los mapas del tesoro, que te dan un dibujo de dónde debes ir y exigen un profundo conocimiento del mundo para encontrarlos, sin brújula ni nada que te indique su posición en el mapa. Yo encontré tres, y seguramente habrían sido más si hubiera jugado de continuo.
El otro desafío adicional, las Valkirias, también se encuentra de forma orgánica (yo encontré 5 de 7) y las que no se encuentran así, aparecen marcadas en el mapa al completar el juego. Son desafíos de combate notablemente más difíciles que cualquier enemigo de la historia y desde luego diseñadas para los verdaderos fans de este género.
Creo que no exagero si digo que empleé tanto tiempo en derrotar a las cinco que encontré como en completar el resto del juego, pero gracias a ellas conseguí dominar el sistema de combate, descubriendo cosas como las interrupciones. Hubo una, especialmente frustrante, que tenía un ataque en picado tras gritar Valhalla, que nunca fui capaz de descubrir cómo esquivar, bloquear o interrumpir de forma consistente. Sólo pude derrotarla cuando el azar quiso que no usara ese ataque.

Algo que no esperaba encontrar en este juego eran puzles, pero me sorprendió gratamente. Con unos pocos elementos -cristales rojos, cristales azules, cristales verdes, campanas y ruedas que puedes congelar- consigue una diversidad de puzles en el punto justo entre hacerte pensar un minuto la solución sin frenar la progresión en un largo prueba y error.

Otra cosa de la que quiero hablar es el sistema de progresión: que las habilidades y los poderes rúnicos usen la misma experiencia para mejorarse crea decisiones interesantes, y al bloquear habilidades que progreses en la historia, permite que jugadores como yo vayamos dominando las habilidades de Kratos sin sentirnos desbordados. También me gusta que no tengas experiencia para conseguirlo todo, sino que tengas que elegir que quieres más.
Un detalle importante es cómo el juego te oculta cuánto progreso queda por delante. No sólo no te deja leer las habilidades que no has desbloqueado, sino que hay cosas que ni sabes que no has desbloqueado. Al no poner ni esa línea de habilidades en el menú hasta que la consigues, cuando lo haces, la sorpresa es mucho más satisfactoria.
Con respecto al equipo, al principio me pareció algo aburrido, pero cuando empecé a conseguir encantamientos y objetos con poderes especiales, y como las estadísticas modificaban mis habilidades, descubrí una nueva dimensión del juego. Una vez más, el juego terminó en el punto exacto, justo cuando seguir mejorando la armadura habría empezado a dejar de ser algo interesante y ser más una tarea para aumentar los números.

Mi impresión general es que el juego consigue darte lo suficiente de todo, sin quedarse corto o saturarte hasta el aburrimiento, alcanzando un delicado equilibrio que lo hace una joya.

Y vosotros, ¿qué opináis? Dejadme un comentario con vuestras impresiones.

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