Esta novela destila a la perfección la esencia de las historias de espías de la Guerra Fría. La ansiedad de no saber, la constante sensación de peligro... Doscientas páginas de tensión constante sin necesidad de una sola escena de acción, salvo en el último capítulo. Todo por medio de conversaciones, interrogatorios y agentes tejiendo mentiras con medias verdades. Un espía británico finge su caída en desgracia y desencanto con el servicio con el objetivo de ser reclutado por los soviéticos en calidad de desertor y poder así hacerles el juego como agente doble. Esta es la idea que pone en movimiento una sucesión de tretas y argucias en la que, por supuesto, hay más operaciones en marcha, más agentes infiltrados, y mentiras que se van solapando con otras mentiras hasta llevarnos a un delicioso doble giro final. Es una historia muy buena, que te mantiene intrigado de principio a fin y que más de una vez te hace decir: «Vale, se acabó, le han pillado». Para acto seguido pe...