No sé si será haberlo leído con mi mujer antes de dormir, o si el hecho de tener una niña pequeña me ha ablandado el corazoncito, pero estoy genuinamente sorprendido de lo mucho que me ha gustado un libro que, a priori, parecía tan alejado del género que suelo consumir. Nos lo venden como una novelita romántica, y sí: las protagonistas son todas mujeres; y sí, una de sus principales preocupaciones es si se van a casar, con quién, o si acabarán siendo unas solteronas. Pero el libro es mucho más que eso. Es tierno, divertido, a veces trágico, y está cargado de momentos emotivos. En ocasiones parece una obra moralizadora, una especie de guía novelizada sobre cómo debería ser una buena jovencita cristiana, muy de la mano de El progreso del peregrino , de Bunyan, a la que hace constantes referencias. Sin embargo, rompe una y otra vez con los valores tradicionales del siglo XIX y ensalza la felicidad que puede encontrarse en una vida sencilla, frente a la búsqueda de posición, riqueza o esta...