Decir que este libro es adictivo sería quedarse corto. Lo compré por causalidad, lo dejé el sofá, como quien no quiere la cosa, me dio por ojear el primer capítulo, y cuando quise darme cuenta llevaba cien páginas, me estaban llamando para comer, y no quería parar. La historia sigue a una mujer encerrada en su casa, que se dedica a vigilar a sus vecinos por la ventana, hasta que un día ve algo que no debería haber visto... y no puedo contaros mucho más sin estropear el misterio. O los misterios, más bien: por un lado, qué ha pasado en la casa de enfrente, y por otro, cómo ha llegado esta mujer a estar así. Lo cierto es que la novela juega muy bien tanto con una narradora poco fiable en primera persona, que nos hace dudar hasta de nuestra sombra, como con nuestros propios prejuicios, dándonos a entender cosas y sacar conclusiones que luego resultan no ser ciertas. Y lo más importante, cada giro y cada revelación de la trama vienen siempre precedidos de pistas suficientes como ...