Lo habitual es que las segundas partes no estén a la altura de la obra inicial de la saga, es lo que uno ya espera y a lo que está acostumbrado, pero de cuando en vez, aparece la rara excepción. Amanecer Rojo estaba bien, pero esto es harina de otro costal. Hijo Dorado toma todo el potencial de su predecesor, un libro que recordaba bastante a Los Juegos del Hambre , y va y lo convierte en una pedazo de Space Opera , cargada de duelos, batallas navales e intriga política. La novela quizá no es la mejor a la hora de recordarnos acontecimientos anteriores, y eso puede ser un problema, cuando aparece un personaje y no recuerdas ni quién es, ni a quién debía lealtad, ni qué fue lo que hizo o dejó de hacer en la novela anterior. Por contra, la trama es condenadamente adictiva. Te mete de lleno en la acción desde el primer capítulo y apenas baja el ritmo. Y si lo hace, es solo para golpearte a renglón seguido con tal giro narrativo que te pone las orejas en órbita. El autor no ti...