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Reseña | La Odisea de Wolfan | Manuel Torres

Mis queridos lectores, hoy os traigo un libro autopublicado: La Odisea de Wolfan, la primera novela de Manuel Torres. ¿Por dónde empezar con este libro? Fantasía épica… múltiples puntos de vista… 120 páginas. Huelga decir que las cuentas no salen.

Odisea Wolfan Reseña Manuel Torres

En esa ridícula extensión no hay tiempo para nada: faltan muchas explicaciones, el mundo apenas está desarrollado, no hay anticipación, no se juega con las expectativas, los personajes son planos, unidimensionales, sin motivaciones aparentes, y no experimentan arco narrativo alguno…
¿Sabéis que? Mea culpa. Esa bandera roja debería haberla visto venir en cuanto vi el número de páginas. 

Luego está el problema con los nombres. El autor tiene un serio problema con ellos, empezando por el propio título del libro. Si pones La Odisea de Wolfan en Google, los resultados que vas a obtener son poemas de un tal Homero, seguidos por artículos sobre un tal Mozart. Por suerte, ninguno de los dos es taaaaan conocido y este libro aparecerá en torno a, ¿qué? ¿la página 100?
Pero no queda ahí la cosa. Los nombres dentro del propio libro… solo en el prólogo, que es una página, ya hay nueve nombres propios, ¡nueve! Y otros tantos en los dos primeros párrafos del primer capítulo. Querido libro, dosifícame la información; en la primera mención a un personaje no necesito saber su nombre, su cargo, su país de origen, el correspondiente gentilicio y el nombre de su tío. Dame uno de ellos y añade el siguiente cuando vuelva a aparecer o cuando sea relevante, si es que lo es.
Lo peor es que la mayoría de los nombres suenan igual. Al autor le gustan las letras K y G, le encantan. Dos por nombre mínimo, obligatorio por contrato. Y la diéresis, oh, la diéresis, el autor vive por la diéresis sobre vocales aleatorias. Al final ya no era capaz de distinguirlos y mi cerebro empezó a procesar las letras como malo genérico #1 y malo genérico #27.
Todo eso por no hablar de los nombres que directamente están en inglés, como Whitedream, o los que parecen un puñetazo al teclado. 

Y ese no es el único problema de estilo. Hay muchos adjetivos innecesarios pegados delante de los sustantivos, como si no pudiera decir "el rey" sin añadir delante la palabra "malvado"; y muchas, pero muchísimas, palabras que tienen toda la pinta de ser víctimas de la función buscar sinónimos de Word.
Palabras que, aunque formalmente equivalentes, no transmiten el mismo matiz o suenan totalmente fuera de lugar o del rango léxico del resto del texto. Por poner un par de ejemplos que recuerdo, no puedes usar el término “su señora” cuando un personaje reflexiona sobre su propia madre; y milicianos y soldados no son exactamente lo mismo, mucho menos en un contexto medieval.
Pero el mayor exponente de su empeño en usar palabras pomposas cuyo significado es obvio que no entiende, es la cantidad de veces que confunde pentagrama con pentágono en los últimos capítulos. Creo que no hay una sola vez que lo use bien, ni una. 
Otra cosa que no me gusta, aunque esto es algo personal, son los títulos de capítulos que desvelan lo que va a ocurrir. Estoy totalmente a favor de dar un título a los capítulos más allá del número, pero tiene que ser lo suficientemente vago como para no decirme qué va a pasar. Si el capítulo 4 se llama el Rescate de Irikair, y empieza con el chaval cautivo, ¿qué crees que va a ocurrir?

Vale, ¿y qué hay de la trama? Si miras las reseñas de este libro en Amazon, la tónica general es que la historia va a toda pastilla y te sorprende constantemente. Claro, claro, porque no hay transiciones, ni explicaciones, ni nada. Simplemente las cosas pasan, saltando de escena en escena con un fundido a negro.
Un capítulo Wolfan está bajando de las montañas y al siguiente aparece a las puertas de la ciudad. ¿Qué ha pasado entremedias? ¿Está la ciudad en la misma falda de la montaña? Ah, no se sabe. Entra en la ciudad y al siguiente capítulo aparece en las mazmorras, disfrazado y liberando a Irikair. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? ¿De qué conoce a Irikair? Ah, no, no, eso son muchas preguntas. Escapan de la prisión arrojándose a un pozo y lo siguiente que sabes es que Wolfan sale de la hacienda de Sir Key rumbo al sur. ¿Cómo han escapado? ¿Cómo han sobrevivido a la caída? ¿Dónde está Irikair? ¿Quién es Sir Kay? ¿A dónde puñetas va? ¿Por qué? Bah…
Y la cosa sigue, porque la segunda mitad del libro parece estar escrita con un generador de eventos aleatorios para Dragones y Mazmorras. Wolfan está en un bosque y, oh, sorpresa, aparecen unos soldados. Espera, que ahora viene una ventisca sin explicación. Vale, nos deshacemos de los soldados y la ventisca... ¡Uh! Criatura mágica. ¿Y qué es mejor que una criatura mágica? ¡Dos criaturas mágicas! Y no nos olvidemos del caballo que surge de la nada. Ahora se topa con una cueva. Vale, pensándolo mejor, olvídate del caballo, entremos en esa cueva. ¡Momias! ¿A quién no le gustan las momias? Déjame que tire el dado a ver qué sale ahora... ¡Ajá! Un mago. Y así...
Sobre la marca del 75% "explica" el sistema de magia y los nombres de los hechizos. Vaya, que buen momento para introducir un concepto tan nuevo al que no habías hecho la más mínima referencia hasta ahora. Lo dejaré aquí con el resto de información insustancial si no te importa...
El gran lobo blanco, profetizado desde el prólogo, aparece en un determinado momento, mata a un par de bichos, le lame las manos a Wolfan... y en el siguiente capítulo ha desaparecido sin dar explicaciones y no se le vuelve a mencionar, como si nunca hubiera existido. Estará con el caballo que también desapareció para no volver a ser recordado, digo yo... 
Y esa es la tónica general de la historia.

Este libro parece un borrador: están las ideas generales, las escenas clave, las intenciones a alto nivel, pero falta desarrollar. Sirva de ejemplo la gran revelación del capítulo 9: en veinte páginas pasas de no saber nada de Wolfan (no sabes quién es, qué pretende, ni cuáles son sus motivaciones), a conocer todos los secretos, absolutamente todo, con pelos y señales. 
Dosificado poco a poco a lo largo de la historia, este misterio habría sido la leche; podría haber llevado a la especulación, al engaño, haber creado expectación... pero te lo deja caer así y no tiene sentido. ¿Cómo puede Duncan en un rato encontrar un relato tan detallado de lo ocurrido? ¿Nadie lo vio antes? ¿Por qué no fue destruido? ¿Quién lo escribió si nadie estaba allí? ¿Y qué clase de cronista usaría esos adjetivos para su rey? Aaaaarg, potencial y oportunidad malgastada.
Lo mismo ocurre con la gran conspiración de Mistrek en el capítulo 18. No sabemos nada al respecto, no hay pistas, no hay indicios, no hay anticipación. Te suelta toda la trama y andando; en el mismo capítulo queda presentado, sufrido y resuelto el asunto. Y no digamos ya, toda la historia que cuenta el ciervo en el capítulo 20... ahí, de la nada, sin paliativos, sin el más mínimo auspicio en esa dirección... Eso no es sorprender, eso es inventarse las cosas sobre la marcha. En fin...

¿Qué nos queda? Las escenas de acción, que son muchas y todas igual de malas. ¿Cómo explicarlo? Desde el principio del libro se hace hincapié en que Wolfan no es un gran guerrero; es un buen cazador, pero no un guerrero. Y tu dices, vale, pues será astuto, sigiloso, usara esas habilidades de cazador... Ya, pues no, lo mata todo como si no costara. Las heridas no cuentan para él, su espada atraviesa armaduras como si no las hubieran mencionado en la descripción del enemigo un párrafo antes, y nunca hace nada inteligente, astuto o especial.
Todos los combates se resumen en que milagrosamente esquiva un golpe, recibe una herida terrible pero que para nada le impide, ni ahora, ni en el próximo capítulo, ni nunca, y sin comerlo ni beberlo, mata a su enemigo de un golpe. A uno de ellos lo vence ciego, sin moverse y con la espada pegada al pecho como en un entierro, solo porque el bicho decide saltar sobre ella. Y al autoempalarse, no creáis que la criatura le cae encima, o le araña o algo. ¿Será que la espada tiene airbag?
La misma fórmula se repite para cualquier tipo de obstáculo. Se topa con una puerta mágica y sin saber nada de magia o runas, tras medio segundo de vacilación, la abre a la primera. Venga, pues vale... ¡Ey! El nigromante usara este hechizo, toma un brazalete que lo contrarresta. ¿De verdad? ¿Ese es su único hechizo? ¿No conoce ningún otro ataque? Ehhhh... No. Vaya, que oportuna coincidencia. 

Con los libros autopublicados siempre te la juegas, puedes descubrir joyas ocultas, pero otros te salen rana. La Odisea de Wolfan tiene potencial, no digo que no; hay buenas ideas, pero la historia no está ahí.
Cogí el libro por las estelares reseñas que tenía en Amazon y Goodreads, pero ahora veo que deben de ser todas de familiares y amigos que, o no lo han leído, o es lo único que han leído y no pueden comparar. De hecho, ahora que las estoy mirando otra vez, veo que todas son todas vagas y genéricas, sin realmente llegar a decir nada, y alguna incluso no se ha enterado del nombre del protagonista. ¡Tía, está en la portada! Igual, si en lugar de adularle con reseñas infladas, esta gente le hubiera hecho una crítica sincera, el libro sería mucho mejor. 
En cualquier caso, no puedo recomendar este libro. Si el autor desarrollara la idea e hiciera una novela completa y bien estructurada de ella, tendría buenos visos de gustarme, porque la materia prima está ahí, pero, tal y como está, le falta muuuuuucho trabajo.

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