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Canciones de los muertos (Las Guerras de los Estratos #1) | Brandon Sanderson, Peter Orullian

Aunque admito que puede resultar algo inaccesible, sobre todo en los compases iniciales, y que el público objetivo que realmente pueda disfrutarlo al cien por cien es necesariamente un segmento bastante reducido en el que no me incluyo, el libro me ha terminado enganchándome y anoche ahí estuve, hasta la una y pico para terminarlo. 

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Lo primero, lo evidente: el sistema de magia me ha encantado. Ahora bien, es tan denso e intrincado —incluso para los estándares de Sanderson— que cuesta cogerle la mano. Como decía, el principio se hace un poco obtuso, hasta que poco a poco vas encajando las piezas del mundo y de la magia. Es un sistema tan fascinante como complejo, y narrar en primera persona desde la perspectiva de un profano, arrojado de repente en medio de todo este galimatías, y sin guía ni mentor, es una decisión bastante arriesgada. Si era intencional, para que el lector esté tan perdido como el protagonista, de acuerdo; pero a veces es un tanto abrumador. 

No voy a detenerme a explicarlo todo, porque me faltaría espacio para hacer siquiera un resumen. Es un sistema que aúna música y nigromancia, pero que va mucho más allá de las habilidades que puedan tener los personajes, o de los tipos de entidades que pueden crear. Hay toda una disciplina dedicada a leer las sombras de la gente, que pueden revelar sus secretos y su pasado; hay una especie de mundos paralelos, asociados a distintos periodos históricos, donde habitan los espíritus de los muertos, y que se ven alterados en función del recuerdo que el presente conserve de ellos; hay múltiples facciones y agrupaciones, tanto dentro de cada mundo, como transversalmente; hay tecnicismos y nomenclatura como para llenar un glosario... Ya os digo: es complejo. 

Tiene elementos que pueden recordar a la película de Coco, o a Neverwhere, de Neil Gaiman, pero tampoco quiero caer en comparativas, porque tiene personalidad de sobra como para no resultar una copia.

La trama y la estructura, por el contrario, siguen una formula muy familiar, que es precisamente eso lo que ayuda a digerir la novela, mientras estas procesando toda la información respecto al sistema de magia. Bajo la pintura, es uno de esos thrillers en los que el protagonista sufre una tragedia, es acusado de un crimen que no ha cometido y tiene apenas días para desenmascarar al verdadero culpable. 

Además, me ha encantado cómo, con tanta magia y tanta fantasía, el libro consigue abordar temas bastante profundos y de plena actualidad: el revisionismo histórico, el impacto de un pequeños grupos de personas influyentes sobre la opinión colectiva, la importancia de los recuerdos, o cómo afrontar y perdonar transgresiones pasadas. Es un libro con mucho más fondo de lo que cabría esperar, y su reflexión sobre el modo en que tratamos la memoria histórica me ha dado bastante que pensar. Y dejadme que os diga, cuando los argumentos del villano suenan razonables, sabes que estás leyendo un buen villano.  

El otro elemento diferenciador, aparte del sistema de magia, son las abundantes referencias al mundo de la música, tanto del heavy metal como de la música clásica; y no se limita a hacer que aparezcan o se mencionen en la trama: utiliza conceptos y referencias musicales para describir el mundo y lo que ocurre en él. Esto le da una voz muy particular, pero también hace de barrera, ya que, sin una cierta formación musical, es difícil disfrutarlo del todo.

Cuando un autor describe un olor, o una imagen, puedo cerrar los ojos e imaginarlo. Cuando describe un sonido por sus acordes, por desgracia, en mi cabeza solo suena el silencio. 

Y algo parecido ocurre con buena parte de los personajes históricos que aparecen. Si no conoces la historia de Londres, donde se desarrolla toda la trama, tienes dos opciones: detenerte cada poco a buscar en internet quién fue cada uno —cosa que no vas a hacer—, o tragarte la bala y asumir que te vas a perder una parte de lo que el libro pretende transmitir.

Por eso decía al principio que la intersección en el diagrama de Venn de la gente que puede disfrutar de esta novela al cien por cien —conocimiento musical, experiencia con libros fantasía y sistemas de magia complejos, y conocimiento de la historia de Londres—  no puede ser demasiado amplia.

Aun así, si a mí, que solo cumplo uno de los tres requisitos, me ha gustado tanto, creo que para quien toque al menos dos de esas tres teclas, debe debe ser un libro maravilloso. Y para la rara avis que cumpla las tres, directamente, debe de ser como leer un libro escrito para uno mismo.

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