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La mujer en la ventana | A.J. Finn

Decir que este libro es adictivo sería quedarse corto. Lo compré por causalidad, lo dejé el sofá, como quien no quiere la cosa, me dio por ojear el primer capítulo, y cuando quise darme cuenta llevaba cien páginas, me estaban llamando para comer, y no quería parar.

Mujer Ventana Finn

La historia sigue a una mujer encerrada en su casa, que se dedica a vigilar a sus vecinos por la ventana, hasta que un día ve algo que no debería haber visto... y no puedo contaros mucho más sin estropear el misterio. O los misterios, más bien: por un lado, qué ha pasado en la casa de enfrente, y por otro, cómo ha llegado esta mujer a estar así. 

Lo cierto es que la novela juega muy bien tanto con una narradora poco fiable en primera persona, que nos hace dudar hasta de nuestra sombra, como con nuestros propios prejuicios, dándonos a entender cosas y sacar conclusiones que luego resultan no ser ciertas. Y lo más importante, cada giro y cada revelación de la trama vienen siempre precedidos de pistas suficientes como para haberlo visto venir. Nada sale de la chistera únicamente para pillarte por sorpresa. 

Pero el gran protagonista aquí, más que el misterio en sí, es el ritmo. La novela logra ser tremendamente dinámica sin necesidad de que estén pasando realmente tantas cosas, valiéndose de capítulos cortos y una prosa apresurada que transmite muy bien esa sensación de estar subiéndose por las paredes cuando llevas demasiado tiempo encerrado en casa.

Hacía tiempo que un libro no me enganchaba así, de leer, y leer, y que se me pasaran las horas volando. Mi mujer y yo lo hemos leído en paralelo y, aparte de que íbamos a porfía, a ver quién avanzaba más, me ha parecido un libro estupendo para una lectura conjunta. La cantidad de teorías y elucubraciones que hemos ido haciendo, y cómo uno se daba cuenta de cosas que al otro se le habían escapado, no ha hecho sino elevar aún más la experiencia. De hecho, creo que pocas veces un thriller me ha dado tantas ganas de hablar sobre él mientras lo estaba leyendo, porque realmente se presta a especular y tratar de discernir verdad de ficción. 

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