Segunda lectura conjunta del año, a instancias de mi mujer; y una a la que me acerqué con bastantes prejuicios sobre la trama y la temática, pero que me ha gustado más de lo que esperaba. Todo mérito de la prosa. Resulta impresionante la elegancia con la que se lanzan las pullas e insultos; cómo narradora y personajes insinúan, todo lo que se deja entrever sin llegar a decirse de forma explícita... Es brillante. Eso sí, es un libro que exige de ti. Al tratarse de novela romántica, pensaba yo que iba a poder leerla con un ojo entreabierto, pero nada más lejos de la realidad. No es un texto que admita distracción, no si quieres enterarte de la misa la mitad: hay que estar atento, porque si no, puedes pasar por alto un párrafo que parece una cortesía o un halago, cuando realmente han puesto a alguien a caer de un burro. Más de una vez ha ocurrido que he leído algo sin captar toda su intención, y solo unas líneas después darme cuenta y pensar: «madre mía, la puñal...