Tremendo e innecesariamente largo tostón. Uno de esos libros que podrían haber sido buenos si alguien hubiera tenido el valor de sacar a pasear el boli rojo. Y, quizá, unas tijeras de podar. La historia empieza con un chaval que entra en una especie de mazmorra-escape room, donde consigue su primer poder mágico, ve algo que no debería haber visto y escapa por los pelos. A partir de ahí nos metemos en un arco académico más visto que el tebeo, plagado de volcados de información, y en el que el protagonista dedica la mayor parte del tiempo a repasar su lista de tareas. Que si necesito entrar en esta torre, pero para eso necesito conseguir puntos, pero para eso necesito fabricar este objeto, pero para eso necesito cristales, pero para eso necesito dinero, pero para eso necesito hacer este encarguillo... y así por los siglos de los siglos. Pensaba yo que un libro de fantasía con un artífice, en lugar de un guerrero o un mago como protagonista tendría su atractivo, pero no. Toda la tram...