Hay algo especial en esas historias en las que la realidad supera a la ficción. Y la expedición del Endurance, con todas las dificultades y adversidades que sus miembros fueron capaces de superar, es una de ellas.
Me ha gustado especialmente cómo el autor combina una narración novelada con fragmentos de los diarios de la tripulación para crear un ritmo ameno y dar vida a los personajes. La determinación y el optimismo que muestran frente a tan desesperada situación son dignos de admirar. Y el último párrafo consigue que se te encoja el corazón, pese a tratarse de una historia narrada desde una muy distante tercera persona.
Ahora bien, por cada pasaje en el que el libro logra emocionarte, hay otro en el que se hace tremendamente pesado, especialmente en su segundo acto. Y no por falta de ritmo o de tensión —de hecho, me tuvo en vilo pese a saber de antemano cómo terminaba todo—, sino por una prosa que incurre una y otra vez en la repetición.
Repetición de lo que ocurre —algo que quizá era difícil de evitar en una situación donde los días acaban pareciéndose mucho entre sí—, pero también, y sobre todo, de la forma de contarlo, lo cual no tiene excusa. Se repiten constantemente los mismos términos, sin concesión a un pobre sinónimo, las mismas expresiones, las mismas descripciones.
Hubo ocasiones en las que terminaba un párrafo y me preguntaba si no se habría movido el marcapáginas por accidente, porque tenía la sensación de haberlo leído ya antes. No sé si el traductor al español habrá embellecido un poco el texto, pero el inglés original llega a parecer, por momentos, un documento técnico, donde priman la precisión y cohesión interna sobre una prosa más floreada y agradable para el lector.
En su conjunto, me parece un libro muy interesante, fundamentalmente por conocer un poco más de la historia de la expedición. Sin embargo, habría apreciado un estilo un poco más literario. No creo que sea necesario emplear siempre el término científico exacto para cada tipo de bloque de hielo, si va a ser siempre el mismo y lo vas a repetir cada dos párrafos.
Resulta casi irónico que un libro que narra una de las mayores gestas de supervivencia de la historia acabe tropezando precisamente en algo tan mundano como el estilo. Si le pasas uno de esos algoritmos de revisión que detectan repeticiones, no creo que haya una sola página que no acabe teñida de amarillo.

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