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Republic of Thieves | Scott Lynch

Sin estar a la altura de su predecesor, República de Ladrones es un ansiado retorno a la formula de Las Mentiras de Locke Lamora. Vuelta a las intrigas urbanas, a los subterfugios de camisa y corbata, a los juegos de política y poder, a los engaños, dobles engaños y traiciones. Vuelta a la narración en dos líneas temporales, a los juegos de la banda al completo, y adiós a los barcos, los piratas y todos los elementos que rompían el ritmo en Red Seas.

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Intrigas aparte, el libro gira en torno a Sabetha, la largamente anticipada aparición de Sabetha.  De hecho, ese es el punto en común de las dos líneas temporales: Locke, Sabetha y la complicada relación que existe entre ambos.
No os voy a mentir, Sabetha me decepcionó un poco al principio; no estaba a la altura de las inconmensurables expectativas creadas a lo largo de dos libros (dudo mucho que nada ni nadie hubiera podido estarlo). Sin embargo, poco a poco, me fue conquistando y para el final, los dos idiotas habían conseguido que sonriera con cada abrazo y sufriera con ellos cada varapalo e injusticia con los que les golpea la vida.

La historia principal está muy bien. En esta ocasión no se trata de un timo, ni un robo, sino de unas elecciones que Locke y Jean tienen que inclinar a su favor. Es una trama más sencilla que las de libros anteriores, que sirve como escenario para el reencuentro entre los caballeros bastardos y Sabetha, y deja espacio para averiguar más cosas sobre el pasado de Locke y cerrar un capítulo en la trama general de los magos mercenarios.
Todo ello, por supuesto, no significa que la historia esté exenta de grandes escenas de astucia, labia y camaradería por parte de sus tres protagonistas.
El desenlace final, aunque quizá no tan sorprendente e inesperado como en otras ocasiones, es muy elegante en su planteamiento. Y hablando de elegancia, este libro incluye a una nueva tejedora de intrigas: Paciencia. Sus dos últimas escenas son el paradigma de la sutileza. Como dice Locke en reiteradas ocasiones: Oh, zorra astuta.

La otra línea temporal, que nos muestra los primeros pasos de la relación entre Locke y Sabetha, no está mal. Volvemos a sus años de adolescencia en el templo de Perelandro, y aunque normalmente protestaría por dedicar medio libro a flashbacks que nos lleva a un tiempo y un lugar que conocemos de sobra, me gusta demasiado ver de nuevo a toda la banda en acción.
Creo que hubiera preferido que los detalles del pasado de Locke y Sabetha se hubiera ido incluyendo, como miguitas, aquí y allá en la narrativa principal, pero verlos a los cinco juntos otra vez, ver lo mucho que han cambiado en veinte años… ¿Sabíais que es posible echar de menos a los Sanza?
Mi única queja es que se dedica demasiado tiempo a los ensayos de la obra de teatro, más incluso que a la representación. Se explican los personajes, las escenas, sus relaciones; incluso el libro lleva el nombre de la obra de teatro… y luego todo eso no tiene ninguna relevancia en la trama, presente o pasada. Todo el lío con la compañía de teatro, los amoríos y riñas adolescentes de unos y otros, todo eso está bien, pero cada vez que se ponen a recitar o a explicar un pasaje, lo único que quieres es que termine el capítulo.

Resumiendo, una buena secuela, reminiscente del libro original (mejor que el desvío que tomó la segunda parte), que avanza la trama general y, sin llegar realmente a dejar nada cerrado, da respuesta a dos de las principales preguntas de la serie: ¿quién es Sabetha Belacoros? y ¿de dónde viene Locke Lamora?
Algunos capítulos podrían haberse suprimido, e imagino que están ahí únicamente para poder alternar de forma equitativa entre las dos historias, pero si os gustó Las Mentiras de Locke Lamora, os gustará esta tercera parte. 

Nota sobre el audiolibro: Impresionantes las voces de Michael Page. 

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