Aunque no negaré que me ha gustado, esta quinta entrega no ha conseguido engancharme como las anteriores. Es trepidante, intensa, pero no resulta tan adictiva como sus predecesoras.
Puede que haya cierta fatiga con la saga —los estoy leyendo bastante seguidos—, eso que vaya por delante. Aun así, creo que parte del problema reside en la inusual estructura de la novela. Continuamos con los múltiples puntos de vista de Oro y ceniza, pero, en lugar de tramas paralelas que convergen en un gran colofón, aquí se presentan casi en serie: primero la batalla de Mercurio —cien páginas con su propia presentación, nudo y desenlace—; después, la Luna, donde la guerra da paso a la política, con otro arco completo; luego Marte… Las historias se van concatenando, con quizá algo de solape, y no es que sean inconexas, pero resulta extraño pasar constantemente de la catarsis de un cierre a la pausa de un nuevo comienzo.
Estructura aparte, la trama ofrece más de todo lo bueno a lo que la serie nos tiene ya acostumbrados: acción, traiciones, muertes y ningún tipo de piedad. Y el final... el final es de infarto.
Dicho esto, hay dos cosas que no me han convencido. Quizá haya para quien sean detalles menores, pero son recursos que nunca aterrizan bien conmigo.
La primera, clonar villanos muertos en lugar de introducir antagonistas nuevos. Técnicamente no es una resurrección —lo cual habría sido peor—, pero se le acerca peligrosamente.
Y segundo, el cambio que pega Lysander de la noche a la mañana. En el libro anterior le engañaba todo el mundo, le toreaban como querían, le pillaban en cada mentira y cada renuncio, no fue capaz de enfrentarse a unos piratas... y ahora es todo un prodigio de la infiltración, el subterfugio, la estrategia y el combate. Así, porque sí; porque su abuela le enseñó a concentrarse muy fuerte... Alucinante.
En contraste, las nuevas habilidades de Lydia están mucho mejor planteadas y acotadas. Incluso introducen un misterio y un concepto de personaje que me han parecido realmente interesantes —no digo más, por no desvelar nada—. Lo de Lysander, en cambio, es un salto de cero a cien sin desarrollo alguno. Ni siquiera hay un lapso temporal entre libros al que podamos atribuir una evolución.
Aun así, salvedad hecha de estos dos puntos, el libro me ha gustado. Es intenso, tiene giros que no me veía venir, me ha hecho celebrar victorias y lamentar derrotas. ¿Es el más flojo de la serie? Quizá. Pero ni mucho menos la echa por tierra. Desde luego, no me ha quitado las ganas de leer el siguiente —que ya me espera en la mesilla—, sino más bien todo lo contrario.

Comentarios
Publicar un comentario