Este libro no tenía ningún derecho a gustarme tanto. Recurre a elementos que normalmente consideraría banderas rojas. Y, sin embargo, aquí estoy: enganchado a la saga y deseando empezar el segundo.
Para empezar, el ritmo. La novela tarda casi quinientas páginas en arrancar. Cerca del 60% del libro se dedica a presentar personajes, desarrollar su carácter, sentar las bases del mundo y construir el trasfondo. Lo disfrutas leyendo —está magníficamente escrito—, pero realmente no tira de ti. No tienes esa sensación de final de capítulo de «uf, uno más». Ahora bien, la segunda mitad es harina de otro costal: una vez la trama despega, es pura adrenalina: giros, muertes, duelos, traiciones...
En cuanto a la trama, se fundamenta en elementos trilladísimos: que si el elegido, que si el señor oscuro, que si la profecía que pudo haber sido mal interpretada... ¿Y que los del reino de Tenebral resulten ser los malos? Es un secreto a voces, casi como cuando el licántropo resultó ser Lupin. Y aún así, está todo tan bien planteado —con sus pequeños giros y matices—, que consigue una cierta identidad propia, en lugar de parecer una reiteración más de los mismos arcos que ya hemos leído mil veces.
Y luego está el final, que no resuelve prácticamente nada, y termina con la típica escena en la que un personaje va a hacer una revelación clave, pero decide aplazar la conversación únicamente para mantener al lector en vilo unas cuantas páginas más. En otras circunstancias lo consideraría un pecado capital. Sin embargo, aquí funciona. Está bien justificado por la carga emocional y el trauma de la situación, y además el libro ofrece suficientes pistas e insinuaciones como para no echar en falta una explicación completa.
Al final, parece que solo señalo aspectos negativos, pero nada más lejos de la realidad: el libro me ha encantado. Y tras la extensa sección introductoria que supone, siento que la saga no puede sino ir a más. Es muestra evidente de que no no hace falta reinventar la rueda: cuando la historia está bien escrita, los personajes son sólidos y el libro tiene personalidad, los tópicos dejan de importar. Estoy deseando leer la segunda parte.

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