El libro es un western, pero sin nada de lo que uno esperaría encontrar en el género: no hay inidios, ni duelos, ni revólveres. Es más bien un retrato de la vida en la frontera, las cacerías de búfalos, y esas travesías por territorio inexplorado, donde escasea el agua, cruzar un río se convierte en una odisea y la llegada del invierno acecha.
Más allá de la aventura, la novela tiene una marcada dimensión filosófica. Por un lado, muestra la obsesión ciega de los cazadores y cómo esta los conduce a exterminar a los búfalos, destruyendo con ello su propio medio de vida.
Por otro, seguimos al protagonista: un joven que abandona la universidad y, harto del bullicio de la ciudad y de la élite intelectual, decide marcharse al Oeste, sin un plan, sin un destino; movido únicamente por el deseo de reconectar con la naturaleza. Está convencido de que necesita “ver el país”, pero, una vez allí, mirar no le basta: quiere formar parte de ello. Así, termina financiando la primera expedición que se cruza en su camino y uniéndose a ella sin tener experiencia alguna, en una búsqueda de sí mismo, o quizá de algo que ni él sabría decir qué es.
Al comienzo del viaje, ve reflejado su propio potencial en la amplitud del horizonte. Sin embargo, a medida que avanza la cacería, esa ilusión se va erosionando. Llega incluso a trazar inquietantes paralelismos entre el acto de despellejar búfalos y el de desnudar a la mujer que le gusta.
Al final, todo resulta en una historia un tanto trágica. El protagonista nunca llega a encontrar aquello que buscaba y parte cabalgando hacia el ocaso, de nuevo sin rumbo ni propósito, encaminándose probablemente hacia una muerte prematura. Es una imagen tan triste como certera de la desorientación y rebeldía de la juventud: esa necesidad de romper con las estructuras sociales que nos encorsetan y de buscarnos a nosotros mismos, un empeño que a menudo nos deja en el mismo lugar, solo que unos años menos y algunas cicatrices de más.
No era lo que esperaba, pero me ha parecido un libro muy interesante. Es una lectura amena y accesible, pero con mucho fondo. Consigue transmitir muy bien las penurias de la situación en que se encuentran, así como lo que piensan y sienten los personajes, y desde luego te hace sufrir cada traspiés con ellos.

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