Tremendo e innecesariamente largo tostón. Uno de esos libros que podrían haber sido buenos si alguien hubiera tenido el valor de sacar a pasear el boli rojo. Y, quizá, unas tijeras de podar.
La historia empieza con un chaval que entra en una especie de mazmorra-escape room, donde consigue su primer poder mágico, ve algo que no debería haber visto y escapa por los pelos. A partir de ahí nos metemos en un arco académico más visto que el tebeo, plagado de volcados de información, y en el que el protagonista dedica la mayor parte del tiempo a repasar su lista de tareas. Que si necesito entrar en esta torre, pero para eso necesito conseguir puntos, pero para eso necesito fabricar este objeto, pero para eso necesito cristales, pero para eso necesito dinero, pero para eso necesito hacer este encarguillo... y así por los siglos de los siglos. Pensaba yo que un libro de fantasía con un artífice, en lugar de un guerrero o un mago como protagonista tendría su atractivo, pero no.
Toda la trama, el mundo y el sistema de magia están construidos como si fueran un RPG, con sus niveles, arquetipos, puntos de maná, sus habilidades bien clasificadas por rango, y hasta sus tablas de botín según el tipo de monstruo. Por desgracia, el libro se queda anclado en el tutorial. Todo consiste en explicar cómo funciona cada mecánica: que si esto se suma con esto, que si tantos puntos equivalen a este color de rango, que si esta habilidad tiene sinergia con esta otra... Hay veces que da la sensación de que estás leyendo el manual de un videojuego disfrazado de novela.
Y lo peor es que ni siquiera tiene sentido. Si la magia forma parte tan integral del mundo que habitan los personajes, estos no deberían necesitar explicaciones sobre conceptos básicos. Que no son niños en la escuela, sino de jóvenes prácticamente en la universidad. Todos esos diálogos, lecciones y constantes «anda, qué fuerte, no lo sabía» existen únicamente para embucharte información con un embudo.
En ningún momento me ha hecho sentir nada por los personajes, o por el misterio que plantea la novela al principio. Pasaban y pasaban las páginas, y esperaba que me enganchara con algo, pero nada, todo me daba igual.
Las descripciones son completamente genéricas. Los entornos no tienen personalidad alguna. Los personajes me traen al pairo. Los monstruos y el sistema de magia resultan tremendamente derivativos. Y la prosa es bastante insulsa. Incluso las escenas de acción están lastradas por el constante diálogo interno del protagonista, que para no decir nada, no deja de interrumpir una y otra vez, cuando lo que debería es tenerte en vilo con frases cortas, tensión y sensación de urgencia. Es que no encuentro nada que lo redima.
No sé a qué se debe el éxito de la saga. Quizá este primer libro es un punto introductorio para explicar las reglas del juego antes de que empiece lo interesante. Si es así, desde luego no me ha dejado con ganas de comprobarlo. Ni gratis como está en el catálogo de Audible creo que merezca la pena.

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