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La Copa Mancillada (La Sombra del Leviatán #1) | Robert Jackson Bennett

Un híbrido entre fantasía y  novela detectivesca era algo que ya intuía que podía ser, como mínimo, diferente, pero no imagina hasta qué punto iba a suponer un soplo de aire fresco. El libro me ha parecido maravilloso. Interesante de principio a fin, innovador, refrescante, con un ritmo que engancha pero no agota, y un dúo de protagonistas sencillamente genial. 

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Yendo de menos a más, lo primero de lo que quiero hablar es de la ambientación. Aunque tiene algunos elementos derivativos  —como el dúo de detectives al estilo Holmes y Watson, o los monstruos que llegan del mar y los enormes muros destinados a contenerlos, en la línea de Pacific Rim—, nos plantea un mundo y un sistema de magia basados en la botánica, la horticultura y la alteración deliberada de la población mediante mutaciones. Una sociedad de alquimistas, médicos de la peste y científicos locos, si queréis verlo así.

No solo resulta un planteamiento muy original, sino que está presente de forma constante, dejando patente lo distinto que es este mundo de paredes de helecho, cerraduras de enredadera e infecciones fúngicas. Y, lo que es más importante, no se queda en una mera capa de pintura: las plantas y las mutaciones forman parte integral de la historia y desempeñan el papel de arma, móvil, oportunidad o coartada.

La trama en sí resulta bastante adictiva por cómo se va construyendo el misterio, y cómo escala la tanto la amenaza como las implicaciones de la investigación, entrando en temas de economía y política hacia el último acto. El ritmo y la tensión me han parecido calibrados a la perfección. Y, quizá lo más importante en una novela de detectives, la resolución final es plenamente satisfactoria. 

Ese final es algo con lo que suelo ser bastante escéptico en este tipo de historias, sobre todo cuando se alejan del clásico entorno de "habitación cerrada" al estilo de Agatha Christie, donde todo está acotado y juega con reglas perfectamente definidas y de dominio del lector. Más aún cuando hay magia de por medio, porque es muy fácil sacarse de la manga algo que no has visto venir simplemente porque ni siquiera sabías que era posible. Ya sabéis, ese, «Ah, resulta que el culpable era un clon». Pues claro, si no sabía que en este mundo podía haber clones.

Por suerte, este no es el caso. Todo elemento mágico que termina formando parte de la solución, se introduce o da a entrever previamente de una forma u otra. En ningún momento la historia hace trampas para sorprenderte, aprovechándose de que transcurre en un mundo imaginario del que, obviamente, no podemos conocer todas las reglas. 

Y por último, el dúo protagonista... una maravilla. No sé cuál de los dos me gusta más: si el tímido ayudante disléxico con memoria perfecta, usando frasquitos de perfume para grabar recuerdos en su subconsciente, o la irreverente investigadora autista, que vive prácticamente aislada, con los ojos vendados, porque asegura que reducir los estímulos le ayuda a pensar mejor. Me ha parecido una pareja divertida, entrañable, cargada de idiosincrasias, y con una combinación de virtudes y defectos muy interesante. 


En suma, el libro me ha encantado. Me ha parecido una necesaria bocanada de aire fresco en una combinación de géneros que cada año se vuelve más saturada y formulaica. Me lo he leído casi sin darme cuenta y estoy deseando continuar con la trilogía. Muy, muy recomendable. 

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