Debe haber pocas experiencias más frustrantes cuando estás leyendo un thriller, que darte cuanta de lo que está pasando muchas páginas antes que el protagonista. Pues 156 páginas, casi medio libro, tarda Jason Dessen en pillar algo que yo sabía desde el segundo capítulo.
Ganas me daban de clamar al cielo, de sisearle a las páginas, rogando por activa y por pasiva que Jason me oyera y se pusiera de una vez al día... o de tirar el libro por la ventana. Igual, si nunca has visto o leído absolutamente nada con multiversos, hasta te puede sorprender y resultar creativo. Pero en caso contrario no te espera sino exasperación.
Recurso del multiverso aparte, el libro realmente tampoco tiene mucho más. Hay seis personajes contados, clichés unidimensionales todos ellos, y ninguno me ha resultado interesante. Las escenas no plantean sino manidas situaciones que ya hemos visto y leído mil veces. El segundo acto es un batiburrillo que pretende ilustrar lo variado e infinito que es el multiverso, pero que realmente no parece más que una sucesión de eventos eleatorios. La temática predominante, del camino no tomado y cómo una decisión cambia toda tu vida, es otro cliché trilladisimo. El plan y las motivaciones del malo no tienen ni pies ni cabeza. Es que no hay nada a lo que agarrarse.
Ahora bien, las cien últimas páginas (de 350) están muy bien. No digo nada más, porque si a lo poco bueno que tiene el libro también le quito el factor sorpresa, apaga y vámonos. Pero están tan bien, que me hacen preguntarme porqué no ha sido así todo el libro, y qué puñetas hemos estado haciendo hasta ese momento más que perder el tiempo.
Aún así, ese último acto no basta para redimir el libro, ni excusar el tedio de la primera mitad. No puedo, en buena conciencia, recomendar un libro en el que esta ha sido mi reacción mayoritaria:


Comentarios
Publicar un comentario