Qué buena secuela. Supongo que podríais leerla y entenderla sin haber leído la primera, pero está claramente pensada como continuación.
La premisa de esta saga, a grandes rasgos para quien no la conozca, es que en este mundo quien muere asesinado reaparece en su casa, vivito y coleando, mientras que quien muere por cualquier otra causa, no. ¿La consecuencia? Asesinos sancionados por el Estado que se dedican a matar víctimas de accidentes de tráfico o casos similares, para que su muerte pase a ser intencionada y puedan revivir.
Lo genial es que si la primera noveleta se apoyaba bastante en la premisa, planteando una trama relativamente sencilla que dejaba espacio para explicar cómo funcionaba todo, esta segunda entrega hace algo muy inteligente: aprovecha que ya conoces a los tres o cuatro personajes principales y sabes cómo funciona el mundo para lanzarte directamente a una trama policíaca bastante más compleja, con múltiples partes implicadas, amenazas, chantajes, un misterio que no para de retorcerse sobre sí mismo y un final... oh, tan satisfactorio.
No es una historia muy larga —el audiolibro no llega a las cuatro horas—, ni los personajes son particularmente profundos, pero tienen suficiente carisma como para atraparte, la premisa sigue siendo francamente fascinante y ofrece posibilidades prácticamente infinitas, y la trama engancha. Y para una noveleta de estas dimensiones, no hace falta mucho más.
Si os gustó la primera, esta es incluso mejor. Y si no la habéis leído, pero la premisa de la resurrección por asesinato os llama la atención, echadle un ojo: se lee en una tarde y realmente merece la pena. Ah, y la narración de Zachary Quinto del audiolibro, una vez más, impecable.

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