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And the Land Lay Still | James Robertson

Tiro la toalla con este libro. He leído las primeras cuatrocientas páginas y también las cien últimas, a ver si las distintas tramas acabaran yendo a algún sitio o llegaban a confluir entre sí. No ocurre ninguna de las dos cosas.

Land Lay Still James Robertson

El libro es, básicamente, una colección de historias mínimamente interconectadas que sirven como excusa para retratar la Escocia de la segunda mitad del siglo XX, con cierto foco en el movimiento nacionalista. Y no desde la perspectiva de líderes o figuras clave, sino desde los ojos de gente corriente.

La idea, sobre el papel, es interesante, al estilo de Cuéntame. Los personajes y las situaciones que plantea tampoco están mal. El problema es que las historias son poco más que viñetas inconclusas: empiezan, insinúan algo y terminan sin llegar a ninguna parte.

Además, la conexión entre ellas es tangencial, a lo sumo: que si el tío de este protagonista resulta que era el ex del protagonista de la anterior, y el vecino de este era el vagabundo que se encontró el otro aquella vez. ¿Y qué? Si una historia no influye en la otra, repetir nombres o cruzar personajes secundarios no es una interconexión. mucho menos crea una sensación de unidad.

Y, ya para colmo, las historias se intercalan con larguísimos pasajes que no son más que enumeraciones de personajes y acontecimientos históricos que ni conozco, ni el libro se molesta en explicar, ni guardan una relación clara con lo que les ocurre a los personajes, y por tanto, no me importan. Elecciones, escaños, periodistas, políticos... páginas y páginas de referencias que, para un lector promedio, no significan absolutamente nada. Seguro que hay un paralelismo superinteligente entre lo que pasa en el país y lo que le pasa al protagonista, pero yo no lo he visto. 

Quizá alguien con un conocimiento profundo de la historia escocesa pueda apreciarlo más. Pero el libro no hace ningún esfuerzo por tender la mano al lector que llega desde fuera.


Todo esto, condensado en doscientas páginas, podría haber tenido cierto encanto. Es de hecho el tiempo que me tuvo intrigado: las dos primeras historias. Pero si pretendes que lea setecientas páginas, tienes que darme algo más: tensión, misterio, anhelo, emoción... cualquier cosa que me empuje a seguir leyendo. 

Y ahí está, para mí, el problema fundamental: el libro es demasiado largo para lo que quiere ser. Como ficción histórica, es demasiado largo, inconexo e inconcluso como para cautivar la atención del lector. Y como libro de historia, resulta tan superficial y falto de contexto que tampoco aporta gran cosa.

La sensación que me deja es que el autor tenía varias ideas de personajes apuntadas en una libreta, una se le hacía poco para una novela, y que al intentar unirlas en una sola obra, no encontró una forma orgánica de hacerlo… y decidió que daba igual. Una de las historias tiene incluso un formato distinto al resto del libro, reforzando la impresión de que no son más que varios borradores sueltos cosidos unos a otros entre dos pastas. 

Vamos, que un tostón. No puedo recomendarlo y, sinceramente, tampoco tengo claro cuál era el público objetivo de esta... cosa. 

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