Mañana Azul es más de lo mismo que ya encontramos en Hijo Dorado : mismas temáticas y situaciones. El mismo estilo. La misma tensión. No hay cambio de paradigma, como ocurría entre la primera y segunda novela. Pero si os estáis planteando leer este tercer libro, seguramente sea porque disfrutasteis los anteriores, y dejadme que os diga, las cincuenta últimas páginas de este libro son de las que dejan sin aliento. La trama parecía divagar un poco en los compases iniciales, con los personajes abordando una serie de "misiones secundarias", por así decirlo. La historia se expandía en ambición: nuevos personajes, planetas, localizaciones… pero aún le faltaba afinar el tiro. Ahora, una vez Darrow se pone al mando y pisa el acelerador, es adrenalina pura hasta el final. Y menudo final. Los giros, la brutalidad de lo que ocurre... no quiero revelar nada, pero ejecutar algo así, en un libro en primera persona, es impresionante. De los que invitan a contemplar el infinito durante u...