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El Portador de Luz (Amanecer Rojo #6) | Pierce Brown

Edad Oscura se me hizo algo pesado: un poco lento, quizá demasiado largo... pero Portador de Luz lo ha compensa con creces. Es intenso, trepidante y absolutamente adictivo desde la primera página. La última vez que un libro me tuvo tan absorbido —de llegar a mi parada, bajarme del tren, sentarme en un banco de la estación y seguir leyendo sin importar el reloj—, fue con Tormenta de Espadas y el duelo entre Oberyn y la Montaña.

Portador Luz Pierce Brown

De la trama y la temática, ¿qué os voy a contar? Es el sexto libro de la saga. Ya sabéis de qué va esto, y no quiero desvelar más de lo necesario. Pero hay acción a raudales, muertes que te pillan con la guardia baja, y otras más que anunciadas a las que no puedes evitar acercarte con el angustioso paso de cada página. Y la cantidad de giros, traiciones, chantajes y engaños bastaría para hacerte dudar de tu sombra. 

Todo ello, perfectamente equilibrado con momentos de calma en la tormenta: la calidez de la camaradería, el resurgir de amistades rotas, arcos de redención y personajes que logran sobreponerse a la pérdida y la depresión imperante en el libro anterior.

También me ha gustado mucho cómo la saga ha ido ganando complejidad y matices. Esto ya no va de buenos contra malos. La situación se ha ido cargado de grises, y prácticamente todos los personajes arrastran conflictos internos, sacrificios y concesiones que los hacen mucho más humanos.

Quizá la batalla de Phobos se alarga un poquitito más de la cuenta, pero es la única pega real que puedo ponerle a un libro que, por lo demás, me ha encantado. Posiblemente el mejor de la saga. 

Y el final... madre mía, qué final. Qué últimas cincuenta páginas. Me ha hecho sentir de todo: admiración, rabia, tristeza... 

Ahora solo queda morderse las uñas y esperar a agosto para poder leer el desenlace de la saga en Dios Rojo.



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