Ir al contenido principal

El Reino | Jo Nesbo

Quizá sea cosa mía, pero creo que un thriller debe ser, ante todo, thrilling de principio a fin... y este no lo es. Tiene tanto relleno insustancial, que me pregunto cuánto se habrá añadido únicamente en aras de engrosar el número de páginas. 

Reino Jo Nesbo

Las primeras ciento cincuenta páginas son, sencillamente, criminales. Ni cadáveres, ni misterio, ni tensión... menuda supuesta novela negra. En su lugar encontramos líos de pueblo pequeño, un tío gris que trabaja en una gasolinera perdida de la mano de Dios y un proyecto inmobiliario con sospechoso tufillo a estafa piramidal. 

Por suerte, superado ese escollo inicial, el libro despega con fuerza. El ritmo acelera y se entrelazan múltiples asesinatos sin resolver, casos de abuso infantil, infidelidades y estafas. Esas segundas ciento cincuenta páginas son condenadamente adictivas y creo que son la razón de ser del libro. Ahí es donde la novela encuentra su identidad, su esencia, y aporta algo de frescura a un género bastante formulaico: la historia está narrada desde la perspectiva del culpables, y desde bien pronto sabemos qué ha hecho, porqué lo ha hecho, cómo lo ha hecho, y asistimos a sus esfuerzos para encubrirlo y borrar sus huellas. 

El planteamiento es interesante y aporta originalidad. Eso se lo concedo. Pero resulta que, llegado el ecuador del libro, ya tienes todas las respuestas y los porqués. Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿y ahora qué? Pues poco. Allá que te van otras doscientas páginas de absolutamente nada. Vuelta a las intrigas de pueblo pequeño, a los amoríos e infidelidades, a la puñetera gasolinera que no importa un pimiento. 

Luego el final recupera bastante del pulso perdido: más muertos, más supuestos accidentes, más encubrimientos... todo para terminar en suspenso y dejar la puerta abierta a una secuela.


La sensación final es clara: las partes que están bien, lo que sería la trama principal, está muy bien, pero todo el entramado que la rodea es superfluo. Abundan los elementos que no aportan nada, y las subtramas cuyo único propósito es introducir más subtramas que contribuyen poco o nada al conflicto central. Vamos, qué están ahí para meter ruido. 

La gasolinera, por ejemplo: nada de lo que hace el personaje, o de su abanico de habilidades y recursos, depende del hecho de que sea gestor de una gasolinera, solo de su trasfondo como mecánico. De hecho, tiene su viejo taller, que es donde ocurren las cosas. La gasolinera podría desaparecer de la novela y no cambiaría nada. Lo mismo ocurre con la ristra de amoríos, aventuras, adulterios e infidelidades, que parecen buscar el morbo más que aportar profundidad a la trama. 


En definitiva, otra novela negra de pueblo pequeño. Otra que utiliza el abuso infantil como motivación última de los personajes. Otra narrada en primera persona con un protagonista gris y falto de carisma. Otra novela más... Correcta, con sus partes buenas entre tanto relleno, pero sin nada que realmente la distinga entre las cientos de miles del género.

Comentarios