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The Poppy War | Rebecca F. Kuang

Anoche terminé The Poppy War, un libro del que había oído tantas cosas buenas que el hype, debo decirlo, estaba por las nubes. ¿Me ha gustado? Por supuesto. De hecho, los primeros capítulos me hicieron pensar seriamente que este sería uno de los libros del año; transmitían esa sensación, esa intuición tan difícil de hallar, de que tienes un libro redondo en las manos. Pero lo cierto es que, no sé si porque mis expectativas estaban infladas, o porque el libro se desinfla en ciertas secciones, al final se me ha quedado un poco cojo. Os cuento porqué. 

Poppy War Kuang

The Poppy War nos plantea un relato de fantasía lejos del habitual medievo europeo, en un mundo que no trata de ocultar su marcada inspiración en China, y esto ya de por sí es un soplo de aire fresco. Pero la forma de introducirnos a este mundo, desarrollado en profundidad, con sus costumbres, mitos y leyendas, es lo verdaderamente fascinante. Vamos a conocer los entresijos de este mundo cuando la protagonista acuda a clase de historia, pero no por medio de una exposición por parte del profesor en posesión de la verdad absoluta, sino a través un debate entre los alumnos. Rin, la protagonista, viene de una zona rural, y tiene una visión de su país y su historia, pero cuando llega a la academia, conoce a alumnos de otros orígenes, con una visión totalmente distinta del mismo pasado, múltiples visiones y matices de entre los que tenemos que entresacar o intuir la verdad. Es genial, pero es que la autora es licenciada en historia china, así que no es de extrañar que borde esta parte. 

Lo segundo que me gustaría alabar, es la magia. La magia en este libro está asociada al uso de sustancias psicotrópicas o alucinógenas. Esto es algo que no había visto nunca, y que permite tocar temas poco habituales en los relatos de fantasía, como son la adicción o el abuso de las drogas. Hay secciones muy interesantes, que me han recordado un poco a The Doors of Perception. Pero es que además, si habéis leído otras de mis reseñas, sabréis que me encantan los sistemas en los que la magia tiene un precio, o unas limitaciones, de forma que no puede ser usada indiscriminadamente. En este caso, el precio es la cordura del chamán, que se va perdiendo en el mundo de los sueños, como lo llaman. Esto, claro, plantea un debate interesante: ¿hasta qué punto la utilidad de un hombre compensa el riesgo que entraña para sus compañeros? 

De este modo, el sistema de magia queda entretejido con una de las temáticas centrales de la novela, el sacrificio, y el saber cuándo algo malo merece la pena, porque previene algo peor. El libro está lleno de este tipo de preguntas difíciles. ¿Destruirías una presa, sabiendo que va a inundar todo el delta y arrasar pueblos enteros, si eso detiene al enemigo? ¿Sacrificarías parte de tu país por ganar la guerra? ¿Masacrarías a tu enemigo para asegurarte de que no pueda hacerte a ti algo peor?
Y para dar contexto a estas preguntas, el libro trata trata de mostrar el lado más crudo de la guerra, lejos de la idealización del héroe y el belicismo tan frecuente en la fantasía. Hay capítulos, de una brutalidad y barbarie que dejan mal cuerpo. No creo que este sea motivo para dejar de leer el libro, porque son pocos y espaciados, nada de una angustia constante, pero que sepáis que existen. 


Y ahora sí, una vez establecido todo esto, podemos hablar de la trama. 
El libro empieza genial. Ya os digo, los primeros capítulos son absolutamente redondos. Rin es una protagonista enérgica, decidida, ingeniosa y con recursos, motivada a superar un examen imposible para escapar de un matrimonio concertado, llegando incluso a auto infligirse lesiones como método de estudio (de nuevo la temática del sacrificio, algo malo para prevenir algo peor). Poco a poco la conocemos a ella, su mundo, su historia... 
Luego entra en la academia, y pese a ser esta una sección del libro cargada de clichés, con el matón que la hace bullying, el profesor excéntrico, el profesor estricto y todo lo demás, resulta muy dinámico, porque la academia es el medio que usa el libro para introducirnos a otras visiones del mismo mundo, a través de esas clases de historia de las que ya he hablado, o simplemente de lo que alumnos de distinto origen hablan en los pasillos. Lo cierto es que consigue evitar que este arco narrativo de la formación del protagonista resulte aburrido, cosa poco habitual. 

Entonces, claro está, llega la guerra, el libro no se llama así porque sí, y aquí es donde pega su primer traspiés: no tengo claro qué clase de relato quiere ser. Un capítulo estamos en las trincheras, todo sufrimiento, miseria y crimines de guerra, y al siguiente estamos lidiando con un triángulo amoroso al más puro estilo novela juvenil cuya relevancia en la trama es un rotundo cero. Esto ocurre varias veces, y desvía mucho la atención. ¿Cómo decirlo? Me saca de la novela.
Hay múltiples capítulos en la parte de Khurdalain que parecen estar metidos como relleno, o escritos en un instante de tiempo distinto al resto de la novela, no sé... se introducen cosas y se plantean ganchos, que luego no vuelven a aparecer, ni se vuelven a mencionar, ni tienen impacto alguno sobre la trama o los personajes. Por ejemplo, todo lo que ocurre con Nezha o con la quimera impacta la relación entre Rin y Altan, sí, pero Rin hubiera ido con Altan al sur de todos modos, y todo hubiera ocurrido de la misma forma. Nezha es irrelevante en la trama. 

El segundo "pero" que le tengo que poner al libro es el cambio en Rin cuando empieza la guerra. Pasa de ser un personaje decidido, que hace lo que sea necesario por alcanzar sus objetivos, a ser un mero peón siguiendo órdenes, o a los demás personajes, cual perrito faldero. Hasta tal punto que te preguntas porqué va, o porqué la dejan ir, si no es simplemente por exigencias del guión.
En su paso por la academia, se repite una y otra vez que Rin es un genio de la estrategia, que tiene una mente brillante, que concibe los mejores planes... pero se dice, nunca lo vemos, y luego cuando empieza la guerra, Rin no toma ni una sola decisión estratégica. Solo al final, cuando está sola, toma su primera decisión en muchas páginas, y ni siquiera es su plan, no realmente, sino que hace suya la voluntad de otro. 
Entiendo que narrativamente se ha justificado que Rin solo quiere ser un buen soldado y defender su tierra, que ella no quería nada de toda esa responsabilidad, y que realmente en ningún momento está en posición de tomar decisiones importantes; lo entiendo. Entiendo perfectamente que esto es así intencionadamente, y que este es el primer libro de una trilogía, y que solo al final del libro Rin vuelve a encontrarse al timón de su destino, y en posición para urdir sus propios planes; lo entiendo. 
Peeeeeero, no puedo evitar que me resulte exasperante cuando un protagonista carece de iniciativa, y hace de mero espectador de los acontecimientos, que hubieran ocurrido de la misma forma con o sin su presencia. Lo siento, no puedo. 


En suma, el libro me ha gustado, y me ha dejado con muchas ganas de leer los siguientes; no quiero que mis últimas palabras de crítica os hagan pensar que no merece la pena. Es simplemente que me da rabia que, tras un inicio tan bueno, la segunda parte tenga esos tres o cuatro capítulos fuera de lugar, en lo que de otro modo hubiera sido una inmersión y una atmósfera perfecta, desde el principio de la guerra hasta la decisión final de Rin. 

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